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LOS
CONTENIDOS EN LA TELEVISIÓN MULTICANAL Y DE PAGO: EL RECICLAJE DE PROGRAMAS
COMO VALOR ECOLÓGICO
Emilio Fernández Peña y José Luis Ibáñez Serna
La programación es un concepto sufientemente
amplio que trata de diversos aspectos del contenido de las emisiones televisivas
según sea el público, el profesional o el directivo quienes se refieran
a él.
Para el espectador la programación
es la variedad de espacios de que dispone todos los días en su pantalla
de televisión. Para el profesional, el concepto de programación incide
en la necesidad que tiene de idear, materializar, o en su caso, desarrollar
nuevos programas que atraigan a la audiencia a su canal de televisión.
Para los directivos la programación es sobretodo la cuenta de resultados.
Los factores que influyen en la programación,
entendida como la resultante de lo que finalmente aparece en la pantalla
del televisor son múltiples: económicos, sociales, políticos, profesionales,
competitivos, estacionales, horarios y por supuesto, los criterios básicos
de programación de cada una de las cadenas y difusores multicanal.
En los primeros tiempos de la televisión
la programación se articulaba en una serie de espacios estancos, cada
uno de ellos perteneciente a una categoría concreta: deportes, informativos,
teleseries y otras. El desarrollo posterior propició la aparición de espacios
que a efectos formales se podían considerar programas, pero que en su
interior albergaban diversos contenidos que incluían, que incluyen, diversas
categorías de programas y géneros informativos televisivos. A este tipo
de programas se les denominó contenedores.
En
un primer momento, el término contenedor se refiere a largos programas
matinales o de tarde, llamados magazine y que pueden incluir entrevistas,
música, deporte y otros. Esto significó desde el punto de vista de la
historia de la televisión, el final de una división rígida entre información,
cultura y entretenimiento, es decir, las grandes funciones que se le han
atribuído en las teorías de la comunicación de masas a la televisión.
Lo que en su momento fue una nueva forma de hacer televisión, en realidad
fue una respuesta a la creciente fragmentación y multiplicación de la
oferta televisiva consecencia de el desarrollo de la televisión por cable
en Estados Unidos. En España se acude a este tipo de programas en los
años setenta no por necesidades de competir, ya que sólo existe TVE,
sino como mera imitación a lo sucede en Estados Unidos.
El
término contenedor, sin embargo, no puede aplicarse restrictivamente sólo
a los programas llamados magazines. Hoy muchos espacios televisivos
se pueden considerar contenedores por las siguientes razones: incluyen
diversas categorías y géneros de programas; asumen el carácter de espectáculo;
integran la entrevista y la tertulia en su estructura; giran en torno
a la figura del conductor o conductora, e introducen variaciones teniendo
como referencia estos principios.
El concepto de contenedor supone una
renuncia a la distribución de géneros por programas. Por ejemplo, cuando
se exhibe una película como introducción a un debate que seguirá en el
estudio, estamos ante dos categorías de programas que interactúan entre
si.
Cuando Mariano Cebrián[1]
dice que " la televisión llena la programación con mensajes parcialmente
autónomos e independientes como mosaicos" y que "cada uno de
sus mosaicos solo adquiere sentido en el conjunto" se está refierendo
implícitamente a la programación televisiva como un gran contenedor al
que el espectador da sentido en función de los fragmentos que visualiza,
ya sea en una hora, en un día, o a lo largo de su existencia. Así el espectador
a posteriori habría confeccionado un gran programa contenedor, resultado,
no de las intenciones de los programadores, sino consecuencia de lo visto
más o menos conscientemente, pero que genera en el televidente una serie
de significados, de sensaciones y efectos.
Si fuera posible prever
las reacciones del espectador ante el televisor estaríamos ante el cénit
de la autoprogramación o televisión a la carta. Cuando el televidente
selecciona un tipo de programa, de pago o no, entre una amplia oferta,
de hecho, está autoprogramando entre lo que le ofrecen. Pero sólo es posible
hablar de autoprogramación inmediata, por la sencilla razón de que el
propio espectador no sabe cómo reaccionará ante ese programa y a cuál
acudirá si este no es de su agrado. Añádanse las limitaciones del propio
medio para satisfacer en su totalidad al espectador y nos daremos cuenta
de que el concepto de autoprogramación sólo sería tal si el espectador
encuentra el menú deseado en el instante vital preciso. Cosa que no sucede
siempre en la televisión multicanal a pesar de la inflación de contenidos.
La historia de la
televisión es la historia de sus contenidos. También lo es de su desarrollo
tecnológico. La evolución tecnológica ha influído de manera decisiva en
la multiplicación de canales. Sin embargo esta evolución apenas ha afectado
a los contenidos esenciales de los programas, si consideramos las diferentes
clasificaciones auspiciadas por organismos como la UNESCO, La Unión Europea
de Radiodifusión (UER) o Euromonitor[2]. En todo caso la evoluciòn tecnològica
ha afectado a los contenidos en la forma de presentarlos. Las multiples
posibilidades de la tècnica condicionan los formatos, y la manera de presentar
viejos espacios, viejos temas, que figuran como nuevos y que pemiten hablar
de la nueva vieja televisiòn.
La multiplicación
de canales gracias a la fibra óptica y la compresión digital, ha facilitado
la proliferación de canales temáticos de pago, pero si se examina bien
su contenido nos damos cuenta de que estamos ante más de lo mismo. Es
decir, lo que en los orígenes de la television era escaso y emitido de
forma fragmentada en un solo canal. Así, las viejas series de antaño conforman
algunos de los canales temáticos de hogaño. Otro tanto se puede decir
de las viejas películas que van desde los orígenes del cine hasta hoy
y de algunos canales de documentales que recogen producciones de los últimos
veinte años.
A finales de los ochenta
con un mercado del cable en estados unidos ya muy desarrollado[3] la cadena pública norteamericana Public Broadast Service era
la que mayor diversidad de oferta emitía, mayor que los canales básicos
de cable, muchos de los canales de pago y el resto de las emisoras generalistas.
La televisión multicanal que ofrece contenidos más especializados recoje
una menor variedad. El cable de pago y las ofertas premium de los satélites
digitales difunden canales de temática más restringida en muchos de los
casos, de lo que se resiente la variedad, que el televidente multicanal
no busca en una sóla emisora, sino en la globalidad de los canales que
le ofrecen. La variedad en el mundo del satélite digital y el cable reside
en la oferta en su conjunto. Se prima la diversidad horizontal[4], es decir, los tipos de programas emitidos en
la globalidad de la oferta, frente a la diversidad vertical que se centra
en los difentes programas ofrecidos por una cadena en un día determinado,
una temporada o un año. Un canal premium de cine ofertará a los sumo dos
o tres géneros, al igual que una cadena especializada en musica actual
o un canal infantil.
La diversidad horizontal
fue analizada por de Jong y Bates[5] en el mercado del cable norteamericano entre 1976 y 1986. Se
trata de la época de expasión del cable en las grandes ciudades, lo que
unido a la mejora de las redes y el lanzamiento de los satélites de usos
doméstico llevó consigo un fuerte boom en lo que a diversidad se refiere.
En el actual mercado multicanal español, son los satélites digitales los
que hacen aumentar la diversidad. De momento los operadores de cable son
en casi su totalidad meros canales de transmisión de la producción ajena.
El crecimiento del mercado multicanal en España está llevando consigo
un aumento de la diversidad que continuará a medida que aumente la masa
de abonados.
La gran oferta de
canales parece no haber llevado gran diversidad en cuanto a la programación,
es decir no se han inventado nuevas categorías tras el advenimiento de
la televisión multicanal. Los géneros que triunfan entre el público de
la televisión generalista son los mismos tipos de contenidos que tienen
éxito en el entorno multicanal. Un estudio realizado por Emili Prado en
la University of Berkeley at California [6]
recoge que los canales generalistas basan principalmente su parrilla en
cuatro variedades de programas: un 28,8 por ciento se dedica a ficción,
un 31 por ciento a información, un 17 por ciento a infoshows y un 11 por
ciento a deportes.
La diferencia entre
las nuevas producciones y las antiguas que hoy se emiten en los canales
temáticos estriba en el uso de la técnicas de producción y postproducción.
Así se puede hablar de una television artesanal hasta la generalización
del uso del magnetoscopio y de la nueva televisiòn desde la utilización
de sistemas informáticos que día a día se perfeccionan y sus programas
posibilitan todo tipo de recursos que afectan al contenido en la forma
pero no en la esencia.
La
revitalización de los viejos programas es consecuencia paradójicamente
de la nueva televisión. Aquellos espacios que los programadores de antaño
podrían considerar caducados hoy han adquirido gran valor en el universo
de la nueva vieja televisiòn, multicanal y de pago. Pero la televisión
multicanal no sólo vive de lo viejo, lo que ocurre es que mucho de lo
nuevo que se produce contará con una baja calidad, únicamente por cuestiones
de rentabilidad. Para rentabilizar un canal es necesario contar con la
masa crítica necesaria y es necesario el crecimiento del mercado que ahora
supera el millón de abonados.
Mientras que gobiernos
y Estados privilegian la articulaciòn de complejos sistemas de telecomunicaciones
que alientan el desarrollo de los canales de difusión, lo cierto es que
su valor estratègico dista del de los contenidos. Desde una perspectiva
econòmica la producciòn de contenidos genera un 48 por ciento de valor
añadido en la llamada cadena de valor de la informaciòn, mientras las
telecomunicacines, un 38 por ciento. La informàtica se queda muy lejos
de estas cifras y apenas supera el 14 por ciento[7].
La
cadena de valor de la información comienza con la producción del mensaje
(programas) continúa con el empaquetado y procesamiento electrónico o
informático de los contenidos, y finaliza con su transporte a través de
las redes de telecomunicaciòn.
Los cambios registrados
desde los orígenes de la televisión han afectado a la propiedad de los
medios (emisores) y a los modos de consumo audiovisual. Se generan así
los denominados fenómenos de agregación y disgregación. Gene Jankowski,
expresidente del grupo CBS sostiene que existen dos dinámicas diferentes
en las industrias culturales en general y en la televisión en particular.
Una propicia la atracción de públicos masivos a los productos de las industrias
culturales (agregación ) y otra genera audiencias reducidas con determinados
intereses. Esta útima va especialmente ligada al desarrollo tecnológico.
Estas dos dinámicas sirven a dos tipos de necesidades humanas: las necesidades
de pertenencia a un grupo social y las necesidades individuales del ser.
Estas dinámicas no son competitivas sino complementarias[8].
Televisión generalista
y televisión temática son piezas de un mismo puzle, en el que por el momento
piezas de la primera configurarán el segundo, junto a piezas de otros
puzles (contenidos producidos en otros países).
[2]Un grupo de expertos que ya en 1990 realizó un estudio
sobre la programación de televisión en Europa y que articuló su clasificación
en macrogéneros, géneros y microgéneros. Los macrogéneros se pueden
asimilar a las categorías de programas establecidas por la UER, en tanto
que las subcategorías serían los géneros. En esta clasificación además
aparecen los microgéneros, que en el caso del macrogénero deporte, por
ejemplo serían las diferentes modalidades deportivas. El deporte era
considerado como un macrogénero que comprendía a su vez varios géneros:
información deportiva y actualidad, magazines, retransmisiones en directo,
retransmisiones en diferido y contenedores . Los microgéneros se referían
como ya decíamos a cada una de las disciplinas deportivas: fútbol, baloncesto,
natación, etc. José Luis Ibañez Serna. Teoría y técnica de la información
audiovisual (La información de actualidad en televisión).Proyecto Docente.
Universidad del País Vasco. 1996, p. 243.
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