LA PRENSA CATOLICA BELGA DE LA EDAD DE ORO (1884-1914)

Isabel Fernández Alonso
isabelfernandezalonso@hotmail.com

Mientras Le Petit Parisian, de la mano del senador de la izquierda republicana Jean Dupuys, es en 1905, con unas ventas próximas al millón y medio de ejemplares, el periódico más vendido del mundo y uno de los símbolos de la Francia de la Belle Epoque..., en la vecina Bélgica se aprecian mucho más matizadas las características con las que se ha definido a la llamada edad de oro de la prensa. Existe, eso sí, un marco jurídico liberal en lo que toca a la libertad de imprenta, ya desde 1830; se advierte igualmente la tendencia de algunos empresarios a invertir en el "incipiente negocio" de la prensa, como es el caso de Solvay y L'Independence belge; y surgen -esto también es indudable- proyectos más orientados a la búsqueda de una rentabilidad económica que a la defensa de unos determinados postulados ideológicos, caso de Le Soir, fundado por Emile Rossel en 1887 como un diario gratuito y neutro en política, que alcanzará en vísperas de la Primera Guerra Mundial una cifra de ventas próxima a los 200.000 ejemplares. Asimismo, hay casos de publicaciones que modernizan sus instalaciones, abandonan su etiqueta política y modifican sus contenidos redaccionales para orientarlos al gran público, caso del tradicionalmente liberal La Meuse, primer periódico belga en introducir la linotipia.

Por el contrario, la escolarización no es obligatoria en Bélgica hasta 1914, con la Ley Poullet, lo que merma, no cabe duda, el potencial de lectores del país y marca una diferencia temporal considerable con otros países del entorno.

 

Pero con este artículo no pretendemos ofrecer un panorama global de la prensa belga en el cambio de siglo, sino centrarnos en una parte de esa prensa, la católica, que experimenta un auge importante en este período, coincidiendo con una larga etapa de treinta años de sucesivos gobiernos del partido católico, que se extiende desde 1884 hasta la Gran Guerra (1).

Los católicos logran mantenerse en el poder tanto tiempo gracias a la moderación de su discurso, centrado en las motivaciones económicas de sus electores, una vez marginado el sector ultramontano; porque la religión contaba con muchos adeptos, sobre todo en las zonas rurales, que se habían sentido agredidos por la radical política anticlerical de los liberales, en particular la Ley Van Humbeeck que en 1879 eliminaba la enseñanza de la religión de los programas oficiales de las escuelas públicas; por simpatizar abiertamente con el movimiento flamenco y por su discurso antimilitarista; sin olvidar que la aparición del partido obrero en 1885 resta no pocos votos a los liberales, dividiendo de este modo a la oposición anticlerical (LAMBERTS y LORY: 1986).

En estos años comienza a organizarse -y esto es muy importante- en el seno del partido católico el movimiento demócrata cristiano, coincidiendo con la promulgación en 1891 por León XIII de la célebre encíclica Rerum novarum, que define la doctrina social de la Iglesia.

 

Pero ¿con qué órganos de propaganda contaban los católicos?. Hablaremos, a continuación, de los grandes diarios de esta tendencia que surgen en la etapa que nos ocupa y haremos después mención a la prensa de carácter popular, tanto tradicional como democristiana, que ve la luz en los años del cambio de siglo.

Antes hemos de precisar que la preocupación de los católicos por la organización y popularización de su prensa, perfectamente conscientes de su fuerza propagandística, es un hecho incuestionable. Y es igualmente un hecho que guarda "sospechosos" paralelismos con la evolución del movimiento obrero. Así, a partir de 1848 comienzan a proliferar los que en francés se denominan doublures, diminutifs y succédanés de los grandes diarios católicos, es decir, ediciones que, a precio y formato más reducidos, sólo cambian el título -caso de los doublures-, aligeran o eliminan algunos textos demasiado sesudos -caso de los diminutifs- o añaden, modificando, eso sí, siempre el título, artículos adaptados a las particularidades del ámbito de difusión -caso de los succédanés-. Todo ello, obviamente, en un afán por llegar a amplias capas de la población y de promover la venta de los diarios "matriz". Posteriormente, la Comuna parisina aceleró la creación de los llamados periódicos populares, normalmente semanarios de carácter esencialmente educativo y moralizador, a los que luego haremos referencia. Y como tercer ejemplo de la vinculación que comentamos entre la atención que los católicos prestan a su prensa y los momentos clave en el desarrollo del movimiento obrero -y ciñéndonos ya al período de este estudio-, hemos de señalar que las revueltas sociales de 1886 -justo un año después de la fundación del Partido Obrero Belga, y en pleno debate sobre la ampliación del sufragio- impulsaron las campañas en favor de la llamada "buena prensa", coordinadas por comités locales, que en 1912 confluyen en la Federación nacional de obras de prensa católica. Estos comités recogían fondos para financiar una distribución organizada de las publicaciones católicas, ofreciendo, en ocasiones, abonos interesantes, cuando no se fomentaban campañas de segunda lectura de periódicos... Otro dato que conviene no olvidar es que entre 1884 y 1914 la venta de periódicos socialistas estaba prohibida en las estaciones de tren y en los cuarteles (GERIN, 1975: 16-71).

 

Centrándonos ya en los grandes periódicos católicos que aparecen en la Bélgica de la Belle Epoque, hemos de apuntar que el 1 de enero de 1884 los hermanos Jourdain lanzan en Bruselas Le Patriote, y lo hacen de un modo original: una suscripción al periódico por tres años permitía al lector adquirir una acción valorada en 50 francos, lo que les hace contar desde el principio con más de 6000 abonados-accionistas, cifra que se verá incrementada considerablemente en los meses siguientes. No obstante, la empresa acabará por tener un carácter puramente familiar.

Contando con un consejo de vigilancia y de dirección política, en el que se sentaban importantes figuras del partido conservador, emprendió una violenta campaña de oposición al partido liberal durante sus últimos meses de gobierno. Al año siguiente (1885), visto el éxito cosechado por el que era, sin duda, un periódico de combate, Victor y Louis Jourdain comienzan a editar un semanario ilustrado, Le Patriote illustré, y en 1891, con el ánimo de llegar a todos los públicos lanzan un periódico "a dos céntimos": Le National, un succédané cuyo contenido refleja en gran medida los planteamientos de la naciente democracia cristiana, aunque posteriormente estos se vean considerablemente diluídos... Tres años más tarde Le National contará con ediciones locales diarias en Lieja y en Bruselas. En 1897 comienza a imprimirse igualmente en los talleres del National el Huisgezin, versión flamenca del referido semanario ilustrado (CAMPE, DUMON, JESPERS, 1975: 65-67).

Aunque en cuestiones como la anexión del Congo o la reorganización del Ejército no siempre ha aprobado la acción gubernamental, Le Patriote "ha contribuido, más que ningún otro diario católico de Bruselas, a asegurar el éxito de la causa conservadora en el ámbito rural flamenco" (FEIBELMAN, 1911: 39-40).

Con la ocupación alemana, los hermanos Jourdain optan por clausurar los talleres de la rue de la Montagne-aux-Herbes-Potagères, para lanzar en febrero de 1915 un periódico clandestino, La Libre Belgique, en el que trabajarán con tesón, a pesar de su avanzada edad. Victor y Louis Jourdain fallecieron en 1918 y sus descendientes retomaron, tras la firma del armisticio, la edición del periódico, que conserva hasta hoy la denominación "de guerra".

 

Het Volk nace, vinculado al emergente sindicalismo cristiano, en Gante en 1891. El nuevo periódico "a dos céntimos" no oculta su vocación de alternativa y combate frente al cada vez más vigoroso movimiento obrero socialista, que editaba desde 1884 Vooruit.

Tras Het Volk se encuentran dos personalidades signitificativas: por una lado, Arthur Verhaegen -curiosamente nieto de Théodore Verhaegen, fundador de la Universidad Libre de Bruselas (2)-, que se encarga de reunir los fondos necesarios para el lanzamiento del diario, y por otro, Gustave Eylenbosh, futuro senador del partido católico, que se responsabiliza de la redacción. Verhaegen y Eylenbosh serán nombrados, respectivamente, en 1895, presidente y secretario general de la Liga democrática belga, primera organización demócratacristiana organizada en este país.

Tras unos comienzos difíciles, el rotativo inicia una fase de expansión y en 1908 cuenta con una edición para los trabajadores flamencos del norte de Francia... (CAMPE, DUMON, JESPERS, 1975: 363-365).

 

En la línea, como Het Volk, de la referida encíclica Rerum novarum, surge en el mismo año 1891 en la capital del Escalda, y de la mano del impresor Jean-Baptiste Napolitain Van Os, la Gazet van Antwerpen, un periódico también "a dos céntimos" que viene a llenar un hueco importante en el mercado de la prensa antuerpiense. Su innegable contribución al triunfo de los católicos en las elecciones de 1892 provocó la furia de unos dos mil liberales que causaron importantes destrozos en la imprenta de la Gazet. En 1892 se crea la sociedad anónima De Vlijt que se ocupará de la edición y seis años después también de la impresión, al comprar los talleres de Napolitain. De Vlijt edita desde 1896 la Gazet van Mechelen (3), desde 1904 La Presse -periódico francófono, de tono más conservador que La Métropole-, y desde 1908 Het Morgenblad (4) (CAMPE, DUMON, JESPERS, 1975: 17-19).

 

Siguiendo un orden cronológico, Le XX Siècle, fundado en Bruselas en 1895, fue el más impetuoso defensor de la causa católica en los albores de la pasada centuria, prestando, eso sí, especial atención a la legislación social, como lo prueban sus camapañas en favor del seguro obligatorio contra los accidentes laborales en 1903, limitación de las horas de trabajo en las minas cuatro años después y eliminación de la redención en metálico -que permitía a los más pudientes económicamente librarse de ir a la guerra- en 1909. (FEIBELMAN, 1911: 37-39) Aunque curiosamente no está vinculado al ala socialdemócrata, sino que promueve la unión entre los católicos (GERIN, 1975: 239). Sus fundadores fueron tres políticos de renombre: el duque de Ursel, Georges Helleputte y Charles de Broqueville, que llegó a ser jefe de gobierno.

 

Otras publicaciones católicas fundadas en los años del cambio de siglo fueron: Het Nieuws van den Dag (Bruselas, 1885), La Métropole (Amberes, 1894), L'Avenir du Luxembourg (5) (Arlon, 1894), Le Rappel (Charleroi, 1900, hoy propiedad de Medi@bel) y Le Courrier de Verviers (1904).

 

Evidentemente seguían publicándose periódicos de esta misma tendencia fundados unos años antes de la llegada del partido católico al poder, algunos de los cuales siguen encontrándose actualmente a los quioscos. Entre ellos Le Courrier de l'Escaut (Tournai, 1829, hoy en manos de Medi@bel), La Gazette de Liège (Lieja, 1840, hoy edición local de La Libre Belgique), Le Journal de Huy (1847), Le Hainaut (Mons, 1866), De Gentenaar (Gante, 1879, hoy en manos de la VUM), y Het Algemeen Belang der Provincie Limburg (Limburgo, 1879, hoy propiedad del Regionale Uitgeversgroep). Igualmente vivieron la llamada edad de oro de la prensa Le Journal de Bruxelles -y su diminutif Le Petit belge, lanzado en 1894-, conducido entre 1878 y 1889 por Haulleville -"la personalidad más remarcable con la que jamás había contado la prensa católica", en palabras de Feibelman-, Le Courrier de Bruxelles y Le Bien Public de Gante, claros exponentes en las décadas inmediatamente anteriores de las facciones constitucional, el primero, y ultramontana, los segundos, del catolicismo belga (6).

 

Por otro lado, es de obligada mención el concienzudo estudio sobre la prensa popular católica y la prensa demócrata cristiana en Valonia y en Bruselas antes de la Primera Guerra Mundial, realizado por el ya citado Gérin. Concluye el profesor de la Universidad de Lieja que ambas conviven desde 1889, fecha en la que sitúa el nacimiento de la segunda, y que un análisis de contenido de las publicaciones de una y otra tendencia -todas ellas de menor eco que las citadas anteriormente- prueba las notables diferencias ideológicas entre el catolicismo social y la naciente democracia cristiana, así como las diferentes tendencias que conviven en el seno de esta última, de las que el dansismo es la más avanzada: "la prensa popular católica -apunta Gérin- tiene por objetivo la sumisión y la integración del obrero en la sociedad burguesa del siglo XIX, que se pretende conservar a toda costa, mientras que la prensa democratacristiana defiende la promoción política del obrero en esa misma sociedad y el reparto equitativo del poder". Según el citado autor, la prensa popular católica -normalmente de periodicidad exclusivamente semanal, como apuntábamos líneas atrás- ha gozado en ocasiones de ayudas financieras puntuales, otras veces de una buena infraestructura técnica -cuando era editada por los grandes periódicos católicos-, de redes de distribución bien organizadas..., y casi siempre del apoyo de las autoridades episcopales, que, por el contrario, clausuraron algunas publicaciones demócratacristianas, como Le Démocrate de Lieja. Gérin acusa a la prensa popular católica de haber contribuido a prolongar "el retraso cultural de la masa", al marginar las informaciones políticas en favor de las noticias de carácter puramente local y las secciones de entretenimiento. Y ello mientras la prensa demócratacristiana buscaba "la emancipación social, cultural y política del individuo". En esta línea sitúa, junto al citado Démocrate, los bruselenses L'Avenir social, y La Justice sociale, Le Bien du Peuple y La Dépêche, igualmente localizados en Lieja, y la Union de Dinant (privincia de Namur), si bien precisa que los periódicos demócratacristianos que sobrevivieron a la gran conflagración mundial no fueron precisamente los más avanzados (GERIN, 1975: 261-267).

 

No queremos cerrar este breve recorrido por el mundo de las publicaciones católicas belgas de la edad oro sin añadir que los periodistas católicos crearon su propia organización profesional en 1897, cuando la Asociación General de la Prensa Belga y la Unión de la Prensa periódica estaban dando sus primeros pasos. Según el artículo segundo de los estatutos de la Asociación de Periodistas Católicos de Bélgica, ésta se constituye "con el fin de promover un espíritu de unión fraternal entre los miembros de la prensa católica, y de hacer más eficaces sus esfuerzos para la defensa y propaganda de las doctrinas de la Iglesia Católica, respetando siempre la autonomía de los periódicos y la independencia de los periodistas". En 1899 crearon su primera caja de pensiones. Para ser miembro era requisito llevar dos años trabajando en una publicación de esta tendencia...

 

Finalmente, queremos señalar que las escasas investigaciones sobre historia de la comunicación existentes en el ámbito francófono belga hacen imprescindibles este tipo de trabajos compilatorios, sin los que difícilmente se puede entamar una labor de archivo, a la que intentaremos dedicar algún tiempo en los próximos meses y a la que animanos desde las páginas de esta nueva revista.

 

 

Notas

(1) Durante la primera década de independencia (1830-1840), católicos y liberales belgas hicieron causa común frente al enemigo holandés. Es la etapa del llamado unionismo, que tras unos años de transición abre paso a un amplio período de preeminencia liberal (1857-1884), en el que los católicos únicamente ocuparon el poder entre 1870 y 1878.

(2) La ULB fue fundada en 1834 por los liberales, en respuesta a la creación por los católicos de la célebre Universidad de Lovaina.

(3) Malinas se encuentra igualmente en la provincia de Amberes y fue la primera de sede de la Universidad Católica, luego trasladada a Lovaina. Fue igualmente la sede de los sucesivos congresos que, a lo largo de los años sesenta del siglo XIX, fueron claves para la organización del partido católico.

 

(4) Hoy propiedad del Regionale Uitgeversgroep, la Gazet van Antwerpen es, con 120.000 ejemplares, el tercer diario más vendido en el área flamenca. El cuarto es, curiosamente, Het Volk con más de 113.000 ejemplares y editado por la Vlaamse Uitgevers Maatschappij (VUM). En cuanto a La Libre Belgique, en manos de Medi@bel, vende actualmente más de 53.000 ejemplares (NOBRE-CORREIA, 1999: 134-136).

 

(5) L'Avenir du Luxembourg es hoy una edición regional de Vers l'Avenir, diario namurense fundado al finalizar la Primera Guerra Mundial, tras el cierre de L'Ami de l'Ordre, viejo diario católico creado en 1839, que se había puesto al servicio del enemigo durante el conflicto bélico (JOYE, 1958: 61).

 

(6) Para un acercamiento a las principales publicaciones católicas, liberales y socialistas belgas entre 1830 y 1884, cfr. Fernández Alonso, I, "La prensa belga durante el unionismo y el postunionismo (1830-1857)", en Ambitos, nº 2, 2000, y, de la misma autora, "La prensa belga en la etapa de preeminencia liberal (1857-1884)", en Actas de las VI Jornadas de Jóvenes Investigadores en Comunición, Valencia, 2000.

 

 

Bibliografía

 

Annuaire illustré de la presse belge (1908). Bruselas: Burlens.

 

CAMPE, R., DUMON, M. Y JESPERS, J.J. (1975): Radioscopie de la presse belge. Verviers: Marabout.

 

BERTELSON, L., (1974): La presse d'information. Tableau chronologique des journaux belges. Bruselas: Institut pour Journalistes de Belgique.

 

FEIBELMAN, R. (1911): "L'évolution de la presse bruxelloise", L'Expansion Belge, 1911, monográfico.

 

GERIN, P. (1975): Presse populaire catholique et presse démocrate chrétienne en Wallonie et à Bruxelles (1830-1914). Lovaina: Editions Nauwelaerts.

 

JOYE, P. (1958): La presse et les trusts en Belgique. Bruselas: Société populaire d'éditons.

 

LAMBERTS, E. y LORY, J. (1986): 1884: un tournant politique en Belgique. Bruselas: Publications des Facultés universitaires Saint-Louis.

 

NOBRE-CORREIA, J.-M. (1999): Histoire et situation actuelle des moyens de communication. Bruselas: PUB.

© Asociación Internacional de Jóvenes Investigadores en Comunicación
2004